OJO
Por Alejandra Barrios Richard, presidenta de la Asociación Legítima Cívica Comercial A.C.
MANO DURA CONTRA LOS ACOSADORES SEXUALES CALLEJEROS Y EN GENERAL.
El acoso sexual callejero que sufren a diario miles de mujeres no es nada nuevo, hoy se visibiliza más esta situación porque la agredida es la Presidenta de este país, Claudia Sheinbaum Pardo.

Cientos de mujeres se quedan calladas, no acuden ante el Ministerio Público porque pierden horas para que sean atendidas, hasta parece que es una práctica para que ellas se desesperen y se retiren antes de que se les haga caso.
Estoy convencida que el acoso sexual callejero debe ser reprobado porque constituye una forma de violencia de género y una violación de los derechos humanos de las mujeres. Sus impactos negativos son profundos y afectan la seguridad, la salud y la libertad de las víctimas, además de perpetuar la desigualdad social.
Las razones clave para condenar esta situación es que es una forma de violencia: El acoso callejero no es un halago, sino un acto de connotación sexual no deseado que ofende, intimida y humilla a la víctima. Es una manifestación del machismo y de relaciones de poder desiguales en la sociedad, donde los agresores ejercen control sobre el espacio público a expensas de la seguridad de las mujeres.
Por otro lado, vulnera derechos fundamentales: Viola el derecho de las mujeres a transitar libremente y a disfrutar de los espacios públicos sin miedo ni inseguridad. Limita su movilidad y su derecho a la ciudad, obligándole a tomar medidas de precaución constantes.
Asimismo, impacta la salud mental y física: Las víctimas experimentan consecuencias emocionales y psicológicas significativas, como miedo, ansiedad, depresión, estrés e inseguridad constante. También puede afectar sus hábitos de sueño y alimentación, y, en casos graves, llevar a ideaciones suicidas.
Además, perpetúa la desigualdad de género: Al normalizar estas conductas, la sociedad envía el mensaje de que el cuerpo de las mujeres es un objeto público disponible para el escrutinio o el contacto no deseado. Esto refuerza la discriminación y la idea de que las mujeres tienen un valor inferior en los espacios públicos.
Y también genera un ambiente de inseguridad generalizada: La prevalencia del acoso contribuye a un sentimiento generalizado de inseguridad en las ciudades para todas las mujeres, independientemente de su edad o apariencia.
Sin duda se convierte en un problema legal: En muchos lugares, el acoso sexual callejero ya está tipificado como delito o como una falta cívica que merece sanción penal o administrativa, reconociendo su gravedad y la necesidad de combatirlo legalmente.
En resumen, reprobar el acoso sexual callejero es esencial para construir una sociedad más justa, equitativa y segura, donde todas las personas, especialmente las mujeres, puedan vivir libres de violencia y miedo.
Por todas estas razones, me solidarizo con todas aquellas mujeres que han sido violentadas, acosadas sexualmente en su trabajo, escuela, transporte u oficina, así como en la calle.


