Las estatuas del “Che” Guevara y Fidel Castro no son moneda de cambio.
* El patrimonio histórico no tiene partido
* Alessandra rojo de la Vega comparte los valores y principios de la derecha reaccionaria
Redacción
Las esculturas del Che Guevara y Fidel Castro no son únicamente la representación de dos personajes históricos: ellas recuerdan un episodio ocurrido en territorio mexicano que tuvo repercusiones continentales. Son testimonio de una relación histórica entre México y América Latina, de una época y de un contexto que no desaparecen porque una autoridad decidió retirar un monumento.
Una ciudad que renuncia a su memoria termina empobreciendo su capacidad para comprender su presente y construir su futuro. Si aceptamos que el patrimonio histórico y cultural depende de las preferencias ideológicas y políticas de quién gobierna una Alcaldía, dejaremos de tener memoria pública para convertir el espacio urbano en un escenario de revancha política. El patrimonio histórico no tiene partido, pero sí tiene ciudadanos que tienen derecho a conservarlo”.
Lo anterior fue señalado por la diputada y Coordinadora de la Asociación Parlamentaria Mujeres por el Comercio Feminista e Incluyente Diana Sánchez Barrios debido a que las estatuas de estos personajes las quieren utilizar como moneda de cambio para obtener mayores recursos económicos en la Alcaldía Cuauhtémoc.
Además, la legisladora Sánchez Barrios dejó en claro que el patrimonio histórico no constituye una mercancía ni un instrumento de compensación financiera. “Su valor trasciende cualquier cálculo económico porque representa la memoria colectiva, la identidad cultural y la historia compartida de la Ciudad de México”.
Y agregó la parlamentaria “si la intención de retirar esculturas fuera facilitar su intercambio, donación o enajenación con el propósito de beneficios materiales para una Alcaldía, se estaría enviando un mensaje profundamente equivocado: que el patrimonio público puede convertirse en moneda de cambio según las necesidades presupuestales o las prioridades políticas de una administración”.
Asimismo, señaló “las ciudades democráticas no se construyen borrando la historia, sino aprendiendo de ella. La decisión de retirar , en su momento, las esculturas de Ernesto “Che” Guevara y Fidel Castro del patrimonio público de la Ciudad de México por parte de la alcaldesa de Cuauhtémoc, representa una visión reducida de la democracia, donde el poder político pretende decidir qué episodios históricos merecen permanecer en la memoria colectiva y cuáles deben desaparecer del paisaje urbano”.
Además, dejó en claro que el patrimonio público no pertenece a una alcaldesa, a un partido ni a una administración temporal. “Pertenece a la ciudadanía. Es un bien colectivo construido durante décadas y protegido para las generaciones futuras. Por ello, ninguna autoridad debería modificarlo unilateralmente por razones ideológicas o de conveniencia política”.
Y señaló que “ahora se pretende cuestionar la reinstalación de esas esculturas, mientras que, al mismo tiempo, se lanza una propuesta para intercambiarlas por recursos para la Alcaldía Cuauhtémoc. Por ello, hoy la controversia adquiere una dimensión aún más preocupante si bienes que forman parte del patrimonio público son concebidos como activos susceptibles de intercambio o negociación para obtener recursos destinados a la Cuauhtémoc.
Además, manifestó que “los gobiernos tienen la obligación de gestionar recursos mediante los instrumentos previstos por la ley, no mediante la disposición discrecional de bienes que pertenecen a todos los habitantes de la CDMX. El patrimonio cultural no debe financiar a las autoridades de la Alcaldía, y además, su gobierno tiene la obligación de garantizar la conservación del patrimonio”.
Y señaló que es muy conocido el rechazo que la alcaldesa, Alessandra Rojo de la Vega tiene por las ideas de vanguardia, por los derechos de los grupos vulnerados, por la concepción de un feminismo militante y por las justas demandas de la comunidad de la diversidad sexual. “Y esto es lógico, ella comparte los valores y principios de la derecha reaccionaria internacional”.
Además recordó que la Ciudad de México ha sido, durante gran parte del siglo XX y lo que va del XXI, un símbolo latinoamericano de pluralidad, refugio político, libertad de pensamiento y convivencia de las más diversas corrientes ideológicas. “Las democracias sólidas no eliminan aquello que genera controversia. Lo contextualizan, lo debaten y permiten que la ciudadanía construya un juicio informado”.
Finalmente, la diputada comentó que de acuerdo a la historia, estos dos personajes, Fidel Castro y Ernesto «Che» Guevara, se conocieron en julio de 1955 en la casa de María Antonia González en la calle José Emparán 49, colonia Tabacalera, Ciudad de México.
Y que fueron presentados por Raúl Castro por lo que acordaron unir fuerzas para derrocar a Fulgencio Batista, lideraron la Revolución Cubana y consolidaron un vínculo político e histórico mundial.

